El Cazador y la Oscuridad - Prólogo: La Profecía de Ignash

Muchas historias comienzan con un "había una vez"... y para cualquier lugar, e incluso para nosotros siempre ha habido al menos "una vez" para algo. Pero en ésta historia hay más que eso. En ésta historia comienza con un Cazador llamado Arana, y su compañero Gleomyr. Por supuesto que ambos son humanos. Y la Oscuridad tiene nombre, todos la conocen como Austrus. Pero todo ello carece de importancia sin antes saber quiénes son y cómo llegaron.

Todos conoceréis a Gleomyr por otras historias, un humano que ha recorrido casi el mundo entero. La palabra "casi" se queda corta cuando hablamos de un mundo más grande que cualquier mente es incapaz de comprender. Pero nadie conoce a Arana. Este humano es un buen cazador, no hay presa que se le haya escapado jamás. Ambos humanos se conocieron tiempo atrás en una taberna, y ninguno tuvo el honor de viajar juntos hasta ahora.

Los dos humanos llegaron al Palacio de la Maestra Lanal porque tenían una misión común. Más allá del castillo, por un estrecho camino de tierra, en el profundo bosque hay un castillo pequeño de piedra gris. Es propiedad de un apacible hechicero y cuenta con un curandero viejo y sabio. Cabe destacar que contiene una botica bien surtida y todos conocen este castillo por su cobre. El bosque se llama Afrandea. Y está al límite de dos mundos, al otro lado del bosque está la peligrosa y prohibida Oscuridad Austrus.

Los nombres son difíciles para los que no viven en él, y aunque tienen esos nombres muchos solo los llaman: el Palacio de la Maestra, el Castillo, el Bosque Límite y la Oscuridad. Pero son datos que todos deben conocer para poder situarse en algún lugar de un mundo distinto del que estamos acostumbrados.

Ya sabéis al menos algo de quienes son, adonde llegaron y porque fueron. Tenían una misión común. ¿Pero cuál? Todo a su tiempo, ya que tenemos que empezar la historia, ya que ahora empieza el primer capítulo de su historia...

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Arana y Gleomyr llegaron al Palacio de la Maestra Lanal al amanecer después de un largo viaje de un continente lejano. El tiempo que tardaron fue demasiado largo para lo que pretendían, por el hecho de haber tenido que parar en múltiples sitios y hacer trabajos para conseguir dinero y víveres para seguir su viaje. Pero al fin llegaron.

En las puertas del Palacio estaba Lionadra, la hija de Lanal. Que les guiaba entre los pasillos en un paso lento y firme. Pudiendo ver lo pulido que estaban las paredes, con estatuas grandes de seres supuestamente mitológicos, además de cortinas que tenían todo tipo de grabados y que no tapaban ninguna ventana.

-Habéis llegado de lugares muy lejanos-decía Lionadra-. Estaréis cansados.

-Aún tenemos un viaje más largo, esto no ha hecho nada más empezar-replicó Gleomyr con su voz potente y calmada.

-Suponemos que vuestra madre sabrá porque hemos venido-empezó a hablar Arana después de echar un vistazo a la estatua de un dragón en pose majestuoso-. Habrá recibido el mensaje.

-Sí, ella está al tanto de todo, al igual que todos los del palacio-respondió ella con voz dulce y a la vez firme-. No sabíamos cuando llegaríais vosotros hasta que os vimos en la lejanía.

Cabe destacar que todos son humanos, al igual que todos aquellos con los que se topaban. Lanal era Maestra de la Magia y era reconocida por muchos lugares, también en tierras lejanas y en muchísimos planos. Todavía no había sido vencida, ni siquiera la Muerte había hecho presencia. Lanal tenía poco más de los cuarenta y su hija tenía 23 años. Madre e hija se conservaban bastante bien que parecía que utilizaban la magia para eso, y es totalmente falso.

Después de unos minutos caminando entre varios pasillos llegaron a la Zona de Enseñanza, donde había bastantes alumnos allí. Ninguno contó cuantos eran, no les pareció necesario. Estuvieron mirando los tres durante largo tiempo como Lanal, con bastante soltura, enseñaba a los alumnos el arte de concentrar la magia en puntos de su cuerpo.

Después de largos minutos esperando, Lanal dejó a sus alumnos entrenando solos para atender a sus dos invitados. Sin decir palabra fueron a un cuarto amplio, con varios armarios, una mesa grande y varias sillas, todo de madera. Estaba ordenado bastante bien, lo que llamó la atención de los dos visitantes era los frascos que habían en las estanterías, pero no preguntaron que contenían ni para que servían, ni querían saberlo aún.

-Ya era hora de que llegases Arana-empezó a hablar la Maestra después de que todos se sentasen-. Pero aún no se tu razón de esta visita, aparte de querer ir más allá de los límites del Bosque Afrandea.

-Queremos ir en busca de una persona-respondió sin pensar siquiera-. Pasó por aquí hace más de dos años y no volvió.

-Han pasado muchas personas por aquí, sigo sin entender que hacéis aquí.

-La Profecía de Ignash-dijo Gleomyr mientras sacaba un pequeño libro negro con las páginas en blanco y lo dejaba en la mesa.

La Maestra se incorporó al escucharlo y miró el diario perpleja sin entender que tenía que ver ese libro. Se quedaron en silencio lo que pareció dos eternidades mientras ella pensaba y pensaba.

-De modo que es a Ella a quien buscáis-respondió al fin-. Hace tres años que marchó. Éste mismo día de hace tres años que fue al Límite. Debería haber vuelto hace mucho tiempo.

-¿Qué es lo que quería ella?-preguntó Arana-. ¿Qué pretendía hacer más allá del Límite?

-Lo ignoro, no me contó nada de lo que pretendía. Simplemente pasó la noche aquí y al día siguiente siguió su camino. Si dijo algo no lo recuerdo.

-Supongo que vino por lo de la Profecía-comentó Gleomyr-. Después de todo se lo escuchamos decir hace años.

-Sí, tal vez. Lo curioso es que todas las personas que van más allá del Límite siempre tiene que ver con la Profecía-Arana se pasó la mano por la cara después de decir esto.

Pasaron hablando allí durante un tiempo, esta vez del camino que tendrían que coger y que cosas cogerían para el viaje. Ya estaban provistos de armas: Arana tenía una espada larga de dos manos, un arco y un carcaj con flechas; Gleomyr tenía una pequeña daga de plata y una espada bastarda. Lo que les faltaría sería víveres y dinero, aunque de éstos últimos no querían llevar ya que pretendían cazar.


Pasaron allí la noche y al día siguiente salieron los dos humanos a sentarse en una explanada, no muy lejos de allí. Tenían mucho que discutir. Tenían que pensar que su viaje tal vez acabe antes de empezar o que no acabe jamás. Tenían que intentar con todas sus fuerzas en encontrarla y traerla de vuelta. En encontrar a Meilin con vida.

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