El Silencio Macabro

Era un duro día de trabajo. Allí estaba él en la cafetería del instituto disfrutando de un refresco y esperando a que tocase la sirena de la última hora de clase. La cafetería, bastante grande en el que se incluye un primer piso, irradiaba tranquilidad. No había casi nadie allí, solo un par de alumnos con un portatil. De fondo se escuchaba la radio.

Él, apenas con dieciocho años, con pelo rizado casi a lo afro, se llamaba Fernando. Tenía una camiseta que el resto de personas calificaban como 'friki'. Aquella espera no tenía ningún objetivo que quedarse el mayor tiempo posible fuera de casa.

A diferencia de los demás, tenía miedo de su propia casa. Se tenía por creencia de que lo maltrataban. Él lo negaba. No entendían que no tenía miedo de ninguna persona, sino de la casa en si. De la oscuridad que alberga el lugar.

Si puede evitarlo no va a casa, es preferible cualquier otro lugar que allí. Todo empezó con el día que encontró un diario, el diario maldito que hizo de su vida un infierno. Y cuando perdió dicho diario fue el día mas feliz para él. Pero no fue así, aún había oscuridad en su casa. Y esta vez más peligrosa.

Tocó la sirena, esa sirena que indicaba el fin de todas las clases y que se marchasen a casa todos. Fernando no tenía prisa por llegar, así que con paciencia recogió sus cosas y salió de allí como quien espera a que lo recojan.

Salió del instituto, giró a la izquierda y siguió hasta el final de la avenida. Volvió a girar a la izquierda, y siguiendo todo recto llegó al Nuevo Centro. Ya allí, en la completa oscuridad y siendo las diez de la noche, se debatió entre coger el metro o pasarse otra noche durmiendo en las calles de Valencia.

Como todas las noches, siempre había algo o alguien que le vigilaba. A pesar de eso, se alegraba que no se arrimase. Si lo hacía, ya no habría un lugar seguro para él en todo el mundo. Después de casi media hora de discusión consigo mismo fue a coger el metro con mucha tranquilidad. No le importaba perder el metro, pero a su vez quería ver a su familia.

Cuando llegó a la parada se bajó. Siendo ya poco mas tarde de las once de la noche aún seguía discutiendo si era buena idea volver a casa y volver a esa tortura de siempre. Le venció las ganas de ver a su familia a pesar del pánico que tenía.

Llegó, dejó sus cosas en la entrada y llamó a sus padres. Todo estaba oscuro, nadie respondía y tampoco había ningún tipo de ruido. "Estarán durmiendo" pensó. Fue a mirar, solo para comprobar su teoría. Su pánico creció, no había nadie en casa. Llegó a la cocina, encendiendo toda luz y pudo ver una nota en la nevera que decía:

Fernando, tu padre y yo nos hemos ido de vacaciones el sábado. Si vuelves a casa te he dejado comida en la nevera. Come. Y haber si vuelves a casa. Te echamos de menos.
Tu madre.
Aún así no se sintió tranquilo.Intentó salir de aquella casa y entonces ocurrió. Las puertas para salir desaparecieron, al igual que las ventanas. Entonces respiró hondo, se fue a su habitación, cerro la puerta de golpe y se sentó en el rincón alejado de la puerta.

Se durmió al cabo de un par de horas. Cuando se despertó estaba acostado en su cama, con todas las luces apagadas. No era la primera vez que pasaba. Él tenía que creer que era sonámbulo, eso le consolaba. Miraba al techo esperando que ocurriese, no sabía si volvería a soportarlo. No quería volver a escucharlo.

Los minutos se hicieron horas, y las horas días. Esperaba que se hubiesen cansado ya y se fuesen para siempre. Pero entonces ocurrió, una caja de música empezó a sonar. No venía de ningún sitio pero venía de todos lados.

"¡Por favor, para!" gritaba rogando a la oscuridad, pero sabía que no obtendría ningún tipo de respuesta.

Ahí seguía la música. Era suave y preciosa, y tranquilizaba. Pero lo que venía después no era para nada tranquilizante. Esta vez duró mas tiempo, o eso le pareció. Intentaba no escucharlo, pero todos sus intentos estaban destinados al fracaso. Siempre podía escuchar aquella melodía de aquella caja musical inexistente.

Cuando llegó el silencio, aquella calma que tanto deseaba estaba al fin allí. ¿Le habían hecho caso aquellas cosas que estaban allí? La respuesta era no, otra vez volvió aquella melodía, pero esta vez no venía de la caja musical. La melodía venía de una voz. Era de hombre, pero no una típica voz de hombre normal. Tenía un toque de loco.

Pero si aquello era como cualquier otra noche, se iría cuando amaneciese. Nunca sabía cuando empezaba a salir el sol, cualquier intento de saber la hora fracasaba. Siempre marcaba una hora diferente.

Esa noche pasó algo diferente. La voz no acabó de tararear, volvió a empezar de nuevo. Esta vez con un tono de alegría, como su hubiese esperado aquello toda su vida. El miedo paralizó a Fernando. Ya no podía moverse de la cama, aquello le superó y rezó a que fuese solo un sueño. Esperó que aún estuviese en la cafetería.

Cuando terminó de tararear por segunda vez la melodía calló. Estaba observándole, a pesar de haber completa oscuridad sabía que estaba en su misma habitación, le miraba y sentía que sonreía. Lo que mas sentía era la felicidad de aquel extraño que le acompañó durante años.

A pesar de ser 'viejos amigos' nunca lo había visto, era simplemente una voz incorpórea que odiaba y lo odiaría toda su vida. Pero esa noche, ese viejo amigo quería algo.

"Por fin has vuelto..." empezó hablando aquella voz. "Tenía ganas de volver a verte".

Fernando no respondió, tenía tanto miedo que era incapaz de decir nada. ¿Cómo que tenía ganas de volver a verle? ¿Quién o que era? Es mas, estaba seguro que aquella sensación de que le estaban vigilando era por ese ser.

"Siempre te veía como estabas ahí fuera, durmiendo en la calla o en casa de otra persona" prosiguió. "Yo soy tu familia, no los demás".

Aquella noche sabía que algo pasaría. Ya no volvería a ser el mismo. Aquella voz propuso a Fernando un trato, si le daba su cuerpo él se encargaría de darle un descanso eterno. Los ojos del joven salieron destellos de súplica, además de lagrimas. Aceptó aquel trato, ya estaba cansado de aquello, Quería acabar con todo ya.

Entonces se sumió en otro tipo de oscuridad y dejó de sentir. Y en la casa volvió a reinar la paz y eran casi las seis de la mañana. El cuerpo de Fernando se levantó y se fue a ver al espejo del baño. Todo era normal en lo que vio, excepto en su casa. Había adoptado una cara de un perfecto psicópata.

Entonces sonrió. Una sonrisa que daba miedo. De su boca salió una voz diferente a la del joven, una voz de alguien que disfruta provocando cualquier tipo de maldad hacia los demás. Y entonces soltó una risa desquiciante, una risa de júbilo y de maldad.

Entonces entraron en aquella casa los padres. No sabían lo que les esperaba... no saldrían vivos de aquella casa. Ni siquiera de una sola pieza. Aquella noche nació algo mas que un asesino. Nadie le ha encontrado, nadie le ha atrapado. Y a provocado una matanza sin igual. Y su superpoder... el silencio.

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