La Ilusión Solitaria - Capítulo 5 - El Orgullo del Mago

Después de pasar un tiempo entrenando con las armas volvimos al lugar de los dragones. Esta vez ya estaban despiertos porque uno de los dos volaba y el otro estaba caminando por el gran patio. Javier se quedo mirando fijamente a los dragones sin arrimarse mientras que los demás si que lo hicimos. Seguimos unas indicaciones sencillas. Paramos a dos metros de Pancho e hicimos una reverencia. Al inclinarnos estuvimos esperando unos pocos segundos hasta que el noble dragón soltó un bufido de afirmación y volvimos a incorporarnos.

"Mortales" empezaba diciendo. "Sabemos porqué estáis. A pesar de que esperábamos que fueseis siete... y sois cuatro".

"¿Te refieres a la leyenda?" preguntó Veitutxi con curiosidad.

"Sí" respondió Pancho mientras miraba hacia donde estaba Javier. "¿Dónde están los otros?"

"Todavía no hemos tenido oportunidad de encontrarlos" respondió. "Ignoramos muchas cosas de la leyenda y queríamos saber..."

"Queríais saber cosas de la leyenda y la maldición antes de estar los Siete" interrumpió Federico mientras aterrizaba muy cerca. "No diremos nada hasta que esteis los Siete".

"¿Porqué?" insistió Veitutxi. "Quiero decir, ¿porqué esperar a que seamos los siete? Si nos explicáis ahora las cosas podremos empezar a buscar a los otros y todo".

"Porqué cada uno tenéis un papel" explicó Federico. "Cada uno lo interpretaréis de una forma y si os lo contamos ahora solo cuatro lo sabréis y cuando tengáis que explicárselo a los demás lo haréis según vuestro criterio".

"Y no tenemos nada que decir" terminó Pancho. "Volved cuando seáis los siete y entonces hablaremos. Y recordad que la locura está en todos los lugares, no le miréis a los ojos".

Salimos de allí desanimados, confusos por la desinformación. ¿Dónde íbamos a encontrar a los otros cuatro? Ya éramos cuatro: un elfo, un vikingo, una humana y un enano (además de algo gruñón). Teníamos nuestras preguntas, y los dragones no querían responder a ninguna de ellas: ¿dónde encontrar a un mago?; ¿de entre todos los ricos  y pobres cuales serían los elegidos?; y la más importante, ¿de verdad que nosotros somos parte de la leyenda o es solo una coincidencia y los verdaderos están ahí fuera?

Confusos y desanimados volvimos al albergue. Después de todo pensábamos que debimos ir primero a ver a los dragones antes de entrenar, pero ya era tarde para decidirlo. Después de llegar al albergue, al único que se le escuchaba era al enano, ya que los demás estábamos en nuestros pensamientos.

"Debemos ir a la ciudad de Rabia" repetía con voz grave el enano. "Allí encontraremos a muchos magos, ricos y pobres. Es tan verdad como me llamo Jose Manuel".

"Pero no necesitamos a cualquier mago, rico o pobre cualquiera" terminó por zanjar la discusión que tenía el enano con nadie. "Tenemos que encontrar a quien sea parte de la leyenda".

"Pero Veitutxi, ¿cómo reconocerlos?" pregunté.

"Buena pregunta, David" dijo Javier. "¿Vamos preguntando a cualquier mago, rico o pobre si es parte de la leyenda?"

"¿Y cómo estáis seguros de que vosotros... o nosotros somos parte de la leyenda?" replicó el enano. "Estáis dando por hecho muchas cosas".

"Tal vez lo demos por hecho, pero si conseguimos estar los siete podremos ver a los dragones y saber toda la verdad", respondió Veitutxi con serenidad. "Pienso que los dragones sabrán toda la verdad y si conseguimos estar los siete podrán decirnos si somos parte de la leyenda".

Ante aquello no discutimos mas... a excepción de Jose Manuel. Pero eso es otro mundo. Aquel día pensamos miles de sitios por donde buscar. Preguntamos a los magos del Castillo de Plata y nadie parecía estar interesado en nada de lo que decíamos. Típico del orgullo de los magos. A Veitutxi se le ocurrió una idea genial aquel día. Pretendía utilizar el propio orgullo de los magos contra ellos mismos y así poder saber cuál de todos aquellos era el correcto. Aunque perdimos unos días con eso aprendimos que al menos allí no estaba nuestro mago. Pretendíamos salir del propio castillo para hacer otro viaje, y vaya si lo pretendimos.

Nuestro viaje nos llevo hacia el sur, no hacia la ciudad de Rabia, sino hacia la costa mas próxima. A pesar de haber decidido buscar a los demás miembros del grupo pensamos que si hacíamos visitar a diversos lugares podríamos conocer mejor todo y recaudar información de las piedras antes de hora. Y después supimos que habíamos perdido mucho tiempo con eso, pero estábamos decididos con intentarlo.

Desde que salimos del Castillo y llegamos al Gran Lago del sur nos encontramos con muchos mercaderes, mendigos, nobles, magos, e incluso luchamos contra varios bandidos. No habíamos conseguido gran información, y lo que conseguimos ya lo sabíamos. Y en aquel lago ocurrió lo inesperado. Estuvimos en medio de una batalla de entre dos magos. Solo nos quedaba escondernos y defendernos, saber cuál de los dos era el que tenía mejores intenciones y ayudarlo.

Lanzaban bolas de fuego, rayos y otros elementos entre ellos. Javier y Jose Manuel se lanzaron contra el mago más alejado para intentar saber si era bueno o no. Veitutxi y yo fuimos al otro. Ignoro que hicieron o preguntaron ellos. Lo que sé de verdad era que el mago al que nos arrimamos tenía intención de proteger el lago y lo demostró todo el tiempo que estuvimos con él.

Aquello era suficiente como para que fuésemos a ayudar a los demás del grupo. Corrimos todo lo que pudimos, intentábamos esquivar la mayoría de proyectiles mágicos. Algunos nos daban de lleno, otros pasaban de largo. Cuando llegamos a nuestro objetivo pudimos ver perfectamente que Javier y Jose Manuel estaban atacando al aire mientras que el mago enemigo estaba atacándonos a Veitutxi y a mi, además de al otro mago.

Cuando llegamos a un metro de él caí inconsciente y desperté al anochecer, rodeado del mago que intentamos ayudar y mis compañeros. Estaban con varias quemaduras por la cara y los brazos, y la ropa también estaba algo chamuscada.

"Por fin has despertado" me dijo Veitutxi. "Te perdiste una buena batalla".

"Y también varios días" dijo Javier y todos rieron.

"¿Cómo que varios días?" pregunté. "¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?"

"Varios días" respondió Veitutxi. "Pegaso nos ayudó. Bueno, así se llama el mago".

"Pero no es el de la leyenda", dijo Javier. "Pero nos ha prometido estar en nuestro grupo para ayudar a encontrar a los demás".

"Sí, y cuando los encontremos marcharé" dijo por primera vez que estuve despierto el mago con voz dulce y cálida. "Aunque después me sentiré mal pensando si caerás inconsciente otra vez".

Debo añadir que Jose Manuel no habló. Solo estuvo mirando con  indiferencia. Después descubrimos que, a pesar de ser gruñón, apenas hablaba. Me sentía débil y no sentía fuerzas para levantarme. Hasta el día siguiente no pude hacer nada por mi mismo, y me sentí incómodo. Me alegré saber que, de los que estábamos ahí, ninguno me habrían traicionaros, ni lo hicieron. Ni siquiera yo les traicioné a ellos. Y tenía miedo de cómo eran los que quedaban por unirse.

Comentarios

Entradas populares