Guardián de la Última Doncella - Parte 2

Estyn fue una leyenda desde su juventud. Su paciencia y su habilidad sin igual en la magia le permitió forjar mitos y leyendas por todo el mundo. Uno tras otro lo desafiaba, ya fuesen maestros de la magia o maestros de las armas, nadie conseguía doblegarlo. Todos confiaban en que conseguiría proteger a la doncella, pero su misión acabó en fracaso.

Estyn decidió buscar la verdad sobre su doncella. Se recorrió toda la ciudad. Preguntó a todos los mendigos uno por uno para obtener una imagen que se hacía el pueblo sobre la doncella. Muchos la querían, otros la odiaban. Muchos afirmaban que la habían matado ellos mismos de una o de otra forma. Pero no creía que ninguno de ellos pudiese ni siquiera robar unas monedas de cobre a la doncella.

Por lo que empezó a preguntar a mercaderes, amas de casa, taberneros y demás. Todos ellos querían mucho a la princesa, habrían hecho lo que sea por protegerla. Y tampoco creía que todos le tuviese devoción.

Después a los nobles de la ciudad. y varios de ellos decían que no tenían nada en contra de ella y otros que la habrían tomado como esclava. Y otra vez tampoco creía que pudiesen llegar a hacer mucho.

Entonces decidió hablar con esclavos. Pocos la conocían, y los que afirmaban que la conocían hablaban de ella durante horas. A todos se les notaba querer poseerla a pesar de que sus palabras decían otra distinta. Otro fracaso.

Acabó preguntando a la familia. Toda la familia parecía quererla mucho. Y no creía que toda la familia tuviese buena relación con ella. Y preguntó a otros de alto cargo y ninguno de ellos parecían tener ninguna relación con su muerte.

Ninguna prueba surgió. Volvió a recorrerse las calles, pero esta vez para conocer la ciudad al detalle. Intentaba conocer todo escondite, toda casa, todo lugar. Le costó casi un año en conocer perfectamente la ciudad y a todos, tanto los habitantes como a los viajeros. Tenía libertad por ir donde desease y lo aprovechó.

Lo que no sabía era que a varios no les hacía gracia que buscase la verdad sobre la doncella, pero no querían enfrentarse a él, así que simplemente lo ocultaban. Estyn no utilizaba la magia, ya que le había fallado. Ya no confiaba en si mismo.

Acabó en la taberna, con hojas y una pluma. Dibujó toda la ciudad al detalle, con todas las historias de cualquier habitante o viajero, e incluso todas las confabulaciones que conocía a pesar de que nadie se las había contado.

Entonces encontró el vacío, la laguna que correspondía a la semana que murió su protegida. Pero encontró los hilos cortados entre su familia y los nobles. Los hilos se cortaban varios días antes de su muerte y volvían a tejerse días después. Y volvió a preguntar a todos aquellos que creía que creía que estaban dentro de una confabulación.

Empezó a obtener respuestas satisfactorias. Todos ellos envenenaron con un veneno nuevo que nadie conocía. Un veneno que había sido creado unas horas antes de su muerte y que nadie aún conocía.

Aún se sentía culpable por su muerte, pero ya había encontrado las respuestas. Decidió rendir cuentas, no por venganza, sino por las normas que regían a los Guardianes: morirían por proteger a su protegida y vengarían su muerte como escarmiento a los mortales.

Toda la familia y todos los nobles fueron masacrados y volvió a restablecerse la paz. Pero él aún no podía salir  de la ciudad. Y ahora que ya conocía la verdad y se había hecho justicia, él ya podía disfrutar de la ciudad.

Años mas tarde, encontraría a alguien capaz de conceder cualquier deseo. Otro guardián. Concedió el deseo de que toda restricción sobre Estyn se desvaneciese. Sería libre, al menos podía ir a donde quisiese. Pero aún sería esclavo de la culpa toda la eternidad.

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