La Ilusión Solitaria - Capítulo 7 - La Fortaleza del Mago

Viajamos mucho hacia el sur dirección a Rabia. Javier el Vikingo y José Manuel el enano siguieron con sus ideas acerca de Pegaso, mientras que Veitutxi, Pegaso y yo estábamos bastante animados. El propio Pegaso nos guio hasta una Fortaleza, a varios kilómetros antes de llegar a Rabia.

Esta fortaleza, a pesar de no salir en los mapas, estaba bien cuidada y se sabía perfectamente que vivía alguien allí. El camino principal estaba muy transitado, había mucha vegetación alrededor y nadie se acercaba a la fortaleza. No por miedo. Podríamos decir que la fortaleza estaba cerrada completamente a pesar de que se escuchaba movimiento dentro.

Tuvimos que esperar varias horas a petición de Pegaso. Tenía que ser mediodía para cuando pudiésemos entrar. Apenas nos dio explicaciones. Lo único que pudimos sacarle era que a esa hora, el mago que vivía dentro salía siempre a comprar algo a los mercaderes ambulantes.

La suerte era que no teníamos que esperar mucho, porque apenas llegaban a ser las doce de la mañana. Y aunque no había mala suerte en este caso, estábamos nerviosos. Teníamos ganas de ser los siete de la leyenda. Deseábamos que el mago de la leyenda fuese el de esa fortaleza, y, también, que el rico y el pobre estuviesen en Rabia. Aunque si tuviésemos que hacer caso de la Leyenda y la Maldición dejaríamos en paz al rico y al pobre.

Estábamos sentados a un lado del camino cuando la puerta de la fortaleza se abrió y salió una figura con capa de color azul oscuro. Por el aspecto de su cara era más joven de lo que cabría esperar de un mago de una fortaleza, pero más viejo que la mayoría de magos jóvenes.

Aprovechamos a hablar con el mago en ese momento, no queríamos dejar escapar esta oportunidad. Más bien Veitutxi convenció al grupo para ir a hablar con él, ya que no debíamos perder el tiempo.
Aunque Veitutxi fue la que habló en este caso explicándole todo, se le notaba al mago que ya lo sabía todo. Y así nos lo confirmó. Y lo que más nos alegró era que se nos unió al grupo, ya que mientras hablaba con Veitutxi un joven muchacho sacaba de la fortaleza cosas del mago que daba a entender que emprendía un viaje.

Después de hablar y asegurarnos que era nuestro mago pusimos sin demora hasta Rabia, no sin antes comer por el camino unos buenos bocatas. Suponemos que por este punto Pegaso dejó el grupo porque, cuando llegamos a Rabia, nos dimos cuenta de que ya no estaba. Esperamos un poco, pero seguía sin aparecer.


No tuvimos ganas de visitar Rabia, así que fuimos a una taberna que nos recomendó nuestro nuevo mago llamado Victor. Era una taberna muy agradable y allí nos quedamos a dormir.

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