El Cazador y la Oscuridad - Capítulo 5: Orgullo de Hierro

Después de pasar aquella noche decidieron ir hacia el este a pesar de que ningún camino les parecía alentador. Gleomyr seguía preocupado. “¿Arana se había fijado en aquello?”,  pensó preocupado. “Pues claro que se dio cuenta, como para no darse cuenta de que la luna no está”. El bosque parecía no tener fin hacia el este y las montañas aún parecían estar a semanas de camino, pero no descansarían para llegar a ella.

-Arana-comenzó Gleomyr-. Anoche… ¿Te diste cuenta de que no estaba la luna?

Se lo tenía que preguntar, iba siendo hora de hablar de lo que le preocupaban a cada uno.

-¡Claro que me di cuenta!-replicó-. Y no me gusta que desaparezcan las cosas que deberían estar en su sitio. ¿Qué crees que le ha pasado a la luna de los Límites? ¿Se destruyó?

-No creo-susurró-. Puede que nunca existió aquí.

-¿Eso crees?-dijo Arana con tono de preocupación-. Este es el lugar más extraño que jamás he estado. Lo que más me preocupa no es la luna, es que no hayamos visto ni siquiera un animal. Hemos tenido suerte de haber cogido suficientes víveres para una buena temporada.

-¿Pero para qué servirán si para cuando se nos agoten no encontramos nada?-preguntó preocupado-. Si hasta dentro de dos días no encontramos ningún animal o a Mei deberíamos plantearnos volver a nuestro mundo y reorganizarnos mejor.

Arana afirmó con la cabeza y siguieron ambos su camino. El paisaje aún no había cambiado nada, el bosque a su izquierda, monte por la izquierda y montañas por todos los lados. Incluso ahora les extrañaba no volver encontrar agua desde hace horas. Ya era otra preocupación añadida.

Ahora se reducía a la mitad el tiempo que querían pasar allí sin comida ni agua. Era evidente que no conocían nada de los Límites, ni existía ningún mapa que les pudiese guiar al menos hasta zonas con agua o cualquier zona poblada. Si es que existían zonas pobladas. Aparte de ellos dos también estaba Mei allí. También cabía la posibilidad, por remota que fuese, que también hubiese otras personas allí. No había que perder la esperanza.

Ya había pasado medio día desde que empezaron a caminar y aún querían hacer algo más de camino. Dudaban de que realmente adelantasen algo de camino, podía dar la casualidad de que hubiesen elegido un mal camino y fuesen en dirección contraria. En el caso de que así fuese, en el caso de que fuesen en una dirección opuesta o que se pasasen de la zona, algo debería de haber por allí. En cualquier lugar debería haber algo que les indicase dónde están y dónde ir.

-He estado pensando en este viaje-comentó Arana-. Y aunque se nos acabe la comida y la bebida yo seguiré adelante.

-¿Por qué?-preguntó sorprendido.

-Deseo tanto como tú encontrarla-respondió-. Pero si nos volvemos cada vez que estamos en apuros con la comida y la bebida no la encontraremos jamás. Y hace días que dejamos aquella zona del portal, moriríamos antes de llegar allí.

-Y moriríamos antes de llegar a Mei igualmente-replicó-. Tal vez no necesitemos llegar a aquella zona realmente...

-No voy a dejar los Límites hasta que la encontremos-replicó.

-Arana-susurró mientras miraba a su amigo con preocupación.

-Y es más lo que te voy a decir-siguió hablando-. Contigo o sin ti la buscaré, y si muero lo haré intentando cumplir mi misión.

-¡Muerto no sirves de nada!-gritó-. Debemos encontrarla vivos, si morimos habremos perdido todo lo que tanto esfuerzos intentamos conseguir.

-Y volviendo a casa perderíamos tiempo-miró a Gleomyr con detenimiento-. Como he dicho antes, voy a morir intentando cumplir la misión.

De repente sopló viento desde el sur. Dejaron de hablar inmediatamente y miraron hacia el sur en busca del origen del viento. Se quedaron de piedra al ver aquello. Veían una cuesta y, bastante lejos, la playa. El viento olía a mar, ese característico olor. No tenían palabras.

"¿Desde cuándo está la playa allí?", pensó Gleomyr. "¿Acaso ya estaba ahí?". Los dos amigos se miraron. Después de mucho tiempo empezaban a sentir miedo. No podía ser que una playa gigantesca hubiese aparecido allí. Durante todo el día había montañas alrededor hasta ese mismo momento. "Espera un momento", miró a Arana durante un segundo. "No había mar hasta este momento, hasta el momento del orgullo de Arana".

Si su teoría era cierta, los Límites respondían a los sentimientos de la gente. Si eso era así podrían utilizarlo. Pero podría ser hasta peligroso. Gleomyr no quería arriesgarse a que pudiese provocar algún desastre. Y solo era una teoría, algo que merecía la pena intentar.

-Arana-llamó a su amigo con una sonrisa-. Creo que estoy empezando a entender éste lugar...

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