El Cazador y la Oscuridad - Capítulo 6: El Cazador de la Esperanza

-Arana-llamó a su amigo con una sonrisa-. Creo que estoy empezando a entender éste lugar.

Arana lo miró sin entender, ni siquiera entendía cómo podía haber ocurrido aquello. Seguía preguntándose incluso por qué no había ni un alma allí. Lo que más le desconcertó era la sonrisa que puso Gleomyr al decir aquello.

-Son los sentimientos-prosiguió al ver la cara de incredulidad de su amigo-. Todo lo que sentimos se manifiesta en algo aquí. Al entrar a los Límites desconfiábamos de todo, y eso provocaba que no hubiese ni un ser vivo. Y tu orgullo ha creado la playa.

-Ya veo-fue la única respuesta.

Arana volvió a mirar a la playa pensando en sus cosas. Esta vez parecía más decidido que nunca. Si él lo había entendido, podría utilizar sus sentimientos para cambiar cualquier rincón de los Límites para llegar a ella. Y Gleomyr también estaba decidido en utilizarlo. Pero algo pasó en aquellos largos minutos mirando a aquella misteriosa playa.

Poco a poco empezaba a nublarse, todo aquello empezaba a tomar ya forma. A los dos no les preocupó mucho que lloviese o tronase. Suponían que eran los efectos, o como mucho efectos secundarios.

Empezó a llover y ni siquiera fueron a resguardarse, ambos querían sentir la lluvia. Y mientras disfrutaban de aquello algo más pasaba. Los truenos también llegaron. Pasó todo muy deprisa. Pero tampoco les preocupaba ya. Pero no era la lluvia. Ni siquiera los truenos. Había alguien allí, entre las nubes. Pero ni Gleomyr ni Arana dieron señales de haberse percatado de su presencia.

Ese alguien bajó entre las nubes y se posó detrás de ellos. Era grande, era muy humano. O eso quería hacer creer. Esperó unos minutos, no quería molestar a ninguno de los dos todavía. Ni siquiera parecía tener intención de atacarles.

-Vosotros dos sois los nuevos-dijo al fin y los dos se giraron sacando sus espadas al instante. Les pilló desprevenidos.

-¿Y tú quién eres?-preguntó Gleomyr.

-Me llamo Pegaso-respondió al instante-. Y no pretendo decir si soy vuestro amigo o no. Soy un mago que intenta ayudar a quien lo necesite.

-Ya-replicó Arana-. ¿No le irás a creer, verdad Gleomyr?

-Para nada-fue su respuesta-. Puede ser parte de los Límites para engañarlos. O algo peor.

-Atacarme si queréis, ni siquiera quiero haceros daño-dijo con una leve sonrisa-. Pero os recomiendo que no le busquéis más.

-¡Ja!-gritó Arana-. No quieres atacarnos, pero lo que quieres es que nos marchemos de aquí.

-Mei no va a querer marcharse-respondió sin titubear y sacó un heraldo-. Esto es de ella, me lo ha dado hoy mismo y quería que os lo enseñase.

-¿Y si nos estás engañando?-preguntó Gleomyr-. ¿Qué me asegura que está viva o que tú lo hayas robado?

-¿Acaso ella me diría que tú, Gleomyr, fuiste su mejor amigo y que os conocisteis en la taberna élfica el Elfo Cocinero?

Gleomyr se quedó de piedra. ¿Cómo sabía aquello? ¿Y si estaba viva aún? Ahora se sentía más decidido, y tenía claro que le sacaría información sobre ella.

-Pero no vayáis en su busca-siguió Pegaso-, Ella se ha quedado aquí, ha aceptado los Límites como su hogar. No os ha olvidado.

Alrededor de Pegaso pasó un aire extraño. Gleomyr y Arana se percataron de eso, pero antes de entender poco a poco se sentían cansados. Peor aún, sentían que perdían la esperanza.

-¿Qué nos estás haciendo?-preguntó Arana enfadado.

-Estoy quitando vuestras esperanzas para que volváis a casa-respondió tranquilamente-. Cazo la esperanza de los demás. Para bien o para mal. Y este caso es necesario que no volváis aquí jamás.

Desapareció y dejó a los dos sin apenas esperanza, con ganas de volver a casa. Pero eso no era suficiente. Sus objetivos habían cambiado. Ahora era dar caza al cazador de esperanza.

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