La Ilusión Solitaria - Capítulo 10 - Niebla Antigua

Pasó una semana desde el Día de la Reunión de los Siete. No podíamos salir de la ciudad por el simple hecho de que habían cerrado todas las puertas de la ciudad y estaban en alerta roja. Habían muchos rumores sobre lo que pasaba: algunos que pronto habría guerra, otros que un demonio quiere destruir la ciudad y otros tantos que había caído una maldición de ultratumba.

Victor nos explicó que por ésta época del año, cada mil años una niebla caía por la zona. La niebla era mágica y reconfortaba a quien estuviese dentro.

“Reconfortando con pegarse contra las paredes y el suelo, ¿no?” bromeó Javier.

A pesar de que me hizo gracia me sentía extraño. ¿Cómo era que cerrasen la ciudad por una Niebla Antigua? Y es más, ¿por qué lo cerraban mucho antes de éste fenómeno?

Estas preguntas se me rondaban por la cabeza por lo que me pareció semanas, pero en la realidad no tardó en responderlo Veitutxi.

“Escuché algo sobre esta niebla milenaria” empezó a relatar Veitutxi. “Más que escuchar lo leí. Ponía que solo los reyes de Rabia conocían esta niebla realmente y cuando pasa el tiempo el pueblo olvida los efectos de la propia niebla. La niebla debe ser buena para la ciudad para que los Reyes de Rabia cierren sus puertas días incluso antes de que llegase. Por lo menos nosotros podremos ver sus efectos”.

A Victor le satisfacía la idea de quedarse a ver la Niebla Antigua, y a los demás simplemente nos apetecía verlo con nuestros propios ojos. A mí no solo me apetecía, sino que lo temía. Y no tuvimos que esperar mucho, aquel mismo día ya empezaba a aparecer la niebla y al día siguiente ya estaba toda la ciudad cubierta.

No sé lo que les ocurrió a los demás aquel día en la niebla, ni hablamos de ello. Pero yo pude ver el futuro, el futuro de los siete. Y lo que más me impactó era el destino de uno de nuestro equipo. Incluso hoy mismo, mientras redacto mis memorias, aún espero con temor ese destino que aún está por llegar.


Nunca temí más que aquella niebla y todo lo que vi allí. Y puedo jurar por todos los dioses élficos que no volvería a entrar a esa niebla jamás.

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