La Ilusión Solitaria - Capítulo 8 - Doncella, Corazón y Guardián

Al día siguiente salimos de la taberna. Victor dijo que tal vez tuviésemos suerte y encontrásemos en esta misma ciudad al rico y al pobre. En cualquier caso fuimos al centro de la ciudad, a la gran plaza. Era preciosa, en el centro de la plaza había una gran fuente y el agua era cristalina y pura.

Se decía que quien bebiera de esa agua tendría una vida llena de muy buena suerte. Javier, José Manuel y Veitutxi bebieron. Mientras que Victor y yo hablábamos sobre la maldición. Ambos estuvimos de acuerdo de que había que echar un bueno ojo a los dos que quedaban, al igual que a Javier y José Manuel. En especial a estos dos últimos, que podían hacer cosas inesperadas.

Cuando le conté lo de los dragones no pareció sorprenderle. Parecía saber mucho sobre los dragones, ya que explicó que cuando un dragón tiene una misión quiere estar totalmente seguro de no repetirla otra vez. Con esto quería decir a que solo quería contarnos lo que fuese tan solo una vez para evitarse volver a explicarlo una segunda.

Aquel día y al siguiente lo pasamos recorriendo la ciudad. Teníamos que ver cómo era y conocerla mejor antes de ponernos a buscar a los miembros que faltaba. El tercer y cuarto día nos pusimos a buscar seriamente.

Al quinto día ya habíamos perdido la esperanza casi la mitad del grupo. Javier, Veitutxi y Victor seguían con esperanzas de encontrar en Rabia al menos a uno de los dos que faltaba para el grupo. José Manuel no paraba de repetir que allí no había nadie más de nuestro grupo, y yo no paraba de pensar si tal vez todo lo que ocurría estaba bien.

Pasó una semana desde que entramos en la ciudad y no habíamos encontrado nada. Así que iba a ser nuestro último día en la ciudad hasta que se nos ocurrió ir otra vez a la plaza del centro (aquel día descubrimos que se llamaba el Corazón). Allí estaba una doncella hablando con su Guardián.

Estábamos lo suficientemente cerca como para escuchar, pero no lo suficiente como para llamar la atención. Pudimos escuchar que despedía a su Guardián y le quitaba todos sus bienes, dejándolo sin nada. Nos apiadamos de él y fuimos a hablar con él nada más la doncella se hubiese alejado.

Se llamaba Piter, y nos contó lo que había pasado. Según su versión era que le habían acusado de robar a su protegida y venderlo todo, incluso la joya del padre de la propia doncella. Javier nos explicó que no se fiaba de él, parecía demasiado bueno como para hacer alguna gamberrada, pero que a su vez podía hacerlo sin levantar sospechas.

Victor nos dijo que teníamos que aceptarlo en el grupo, ya que él conocía la Leyenda y la Maldición y era el pobre que andábamos buscando. ¿Y por qué decíamos que era pobre? Porque perdió todo lo que tenía hasta quedarse pobre. Y así es como Piter el Pobre, Veitutxi la Humana, Javier el Vikingo, Victor el Mago, José Manuel el Enano y yo, David el Elfo, volvimos a la taberna a ponernos todos al día y para tener claro que teníamos que buscar al rico.

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