El Cazador y la Oscuridad - Capítulo 9: Reina del Niño Encantado

Habían conseguido vencer al animal colosal a duras penas. Gleomyr tenía una herida grave en el hombro, ya que el leopardo le asestó un zarpazo. Aún seguían en aquel lugar del ataque, sentados entre los restos del animal, curándose las heridas. Si venía otro animal estarían perdidos.

-¿Más fuerza y velocidad además de su tamaño?-preguntó Arana anodadado.

-Da miedo-admitió su amigo Gleomyr-. Por no decir extraño.

-¿Extraño?-replicó-. ¡Por cualquier dios que habite aquí! Es una parodia del infierno. Cualquier cosa va a ser peor de su forma original. ¡Y a saber si hay cosas peores que jamás hemos visto!

Escucharon hojas crujir y se levantaron rápidamente. Sacaron las espadas a duras penas y apuntaron hacia lo que se movía hacia ellos. La criatura dejó de moverse y los miraba. Creyeron que era otro coloso hasta que se dieron cuenta de lo que era y guardaron las espadas.

-¿Qué haces aquí, pequeño?-preguntó dulcemente Gleomyr-. ¿No te habrás perdido, verdad?

-No-respondió con un tono extraño-. Sabía que vendríais aquí, ella me lo dijo.

-¿Ella?-se quedaron confundidos-. ¿Quién es ella?

-¿Es tu madre?-preguntó Arana.

-No-sonrió de una manera dulce y señaló al animal-. Ella es la Reina de estos lugares y ese animal era una de sus mascotas.

Los dos se quedaron mirando sin saber que hacer. ¿Y si aquel niño mentía? Todo podía ser real de la misma forma que todo podía ser falso. Aquel niño les pidió que les siguiera, y así lo hicieron. Pasaron puentes, cruzaron ríos a nado, saltaron vayas y rodaron un poco por pequeños precipicios. Cada vez que le preguntaban si estaba lejos el lugar donde les llevaba respondía siempre que estaba detrás del árbol. Aquella broma no les gustó cuando estaba anocheciendo y aún seguían caminando.

Por fin llegaron a su destino pasada la media noche. Un pequeño pueblo con un gran edificio en el centro. Y ese edificio era la de la Reina. Allí entraron y vieron que era grande y lujoso, bien cuidado y todo aquello les resultaba familiar: la decoración, los cuadros, las estatuas de reyes pasados. Todo debía ser de importación de fuera de los límites. Cuando llegaron a la sala del trono se encontraron con la Reina, bella y lujosa, que también cuidaba mucho su apariencia.

-Bienvenidos, viajeros-habló la Reina-. Habéis conocido al Niño Encantado que os envié.

-Así que era verdad-le dijo Arana a Gleomyr.

-Pude ver a través de sus ojos como vencisteis a mi mascota-dijo con tono tranquilo pero temible-. No solo era mi mascota, era uno de los protectores de éste reino y lo envié para ver quienes erais.

-Si eramos comida para tu mascota o si eramos los que comían, ¿no?-replicó Arana.

-Calma, Arana-intentó calmarlo. Tendrá su explicación, supongo.

-Y la tiene, tenía que ver si erais los dos de la leyenda.

La Reina les explicó que la leyenda consistía en dos curtidos guerreros de más allá de los límites entrarían en busca de algo que más deseaban. Y el precio era quedarse en los límites. Cuando preguntaron acerca de Mei no les supo responder, no conocía ni su nombre. Algo que les decepcionó. Cuando terminaron de hablar, la Reina les ofreció alojamiento, que aceptaron de buen grado. No sin antes intentar negarse cortesmente. No se fiaban aún de la Reina, pero ya lo tendrían que discutir al día siguiente, cuando estuviesen descansados y curado.

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