La Ilusión Solitaria - Capítulo 17 - La Espada del Crepúsculo

Estuvimos atónitos ante la revelación de los Sabios. ¿Eran solo Sabios o sabían mucho más de lo que la palabra suele dar a entender? ¿O eran más adivinos que Sabios? Eran dos dudas que surgieron ante aquello. No sabíamos si era una broma o era algo real, tangible. Ahora había más cosas que no entendíamos. Éramos siete, tres debían vivir y otros tres morir, uno que escribiría una autobiografía y la séptima persona que debía convertirse en leyenda y terminar la propia autobiografía. ¿Por qué? ¿Por qué debía ser así?

Más adelante lo fuimos comprendiendo, pero no aquel día, ya que aquel día nos enseñaron otra revelación: una espada. Sí, una espada. ¿Y qué tiene que ver una espada con tener una revelación? Pues muy sencillo, aquel día, ese Sabio nos llevó a la alquería, y dentro de aquel majestuoso edificio nos guio hasta lo más profundo por pasillos y más pasillos. Todos aquellos pasillos de madera tenían sus velas. Y muchas puertas que llevaban a habitaciones, más pasillos, a cocinas, baños, salas de estar, salas de estudio y salas que no entendíamos su uso.

Nos condujo hasta una sala grande, en el medio de aquella sala había una zona para hacer hogueras. Era la única sala que no estaba hecha de madera, era lo suficientemente amplia como para que todos nosotros cupiésemos y aún había mucho espacio libre, ya que no había ningún mueble, ni siquiera cuadros. Aquella sala ya tenía su propia decoración incluida por las baldosas y estampados que tenía. Era una sala hermosa y a su vez, quien estuviese allí dentro, sentía paz.

Seguramente preguntaréis que es lo que tiene que ver eso con la espada. Pues bien, antes he dicho que no había ni muebles, ni siquiera cuadros. Sólo había una espada allí, un mandoble, en el propio centro acostado.

“Ésta es la Espada del Crepúsculo”, dijo el Sabio de antes señalando la espada. “Su nombre proviene de un antiguo héroe que consiguió acabar con el antiguo Rey del Crepúsculo, se dice que a su portador le da un coraje mayor que el que lleva, mostrando su verdadera cara”.

“¿Qué tiene que ver ésta espada con nosotros?”, preguntó Veitutxi.

“Absolutamente nada”, fue su única respuesta.

“¿Entonces?”, preguntó sin entender. “¿Para qué hemos venido a ver ésta espada si no tiene nada que ver con nosotros?”.

“Para que se la llevéis a la General Sonix, la General del batallón Huevis”, dijo sin inmutarse. “Vuestra misión ahora es llevarle la espada”.

“¡Pero no hemos venido aquí por eso!”, gritó Javier. “Chicos, hemos venido para nada”.

“No”, dijo tranquilo Victor. “En realidad hemos descubierto más de lo que creíamos, ésta espada es para Sonix. Lo necesita para tener más valor para luchar contra Demencia. Y hemos descubierto que esa Leyenda Inmortal existe. ¿Quién? Lo ignoro, pero será el que venza al mal”.

“Y descubriréis más cosas a su debido tiempo, ahora debéis descansar un tiempo aquí en Maléficus y volver a marchar. La encontraréis en Calorcito”.

“A pasar más calor”, dijo automáticamente Javier.


Recogimos la espada y salimos de la alquería, nuestro destino era ahora una taberna, la única de Maléficos y descansar. Creo que nos lo merecíamos.

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