El Cazador y la Oscuridad - Capítulo 11: Séptima Profecía

Al día siguiente, después de compartir aquel sueño extraño, buscaron respuestas sin éxito. La Reina desconocía qué podía significar aquello. Tal vez fuese un mensaje, una premonición, o incluso un sueño en común. Se podía dar cualquiera de los tres casos, nada era imposible allí. No les dio ni una pista más, ni el nombre de alguna persona ni un lugar al que ir, nada. Sin saber cómo interpretarlo debían intentarlo, aún resentidos con Pegaso ya debían hablar con él antes de hacer nada. Si en realidad ella se moría no debían perder el tiempo.

Gleomyr era el que más confuso estaba, ya la había perdido una vez y no quería perderla una segunda. Por esa razón fue la que él volvió a marchar sin perder tiempo. Arana lo siguió como siempre, pero con una razón distinta: quería conocer más de los Límites, comprenderlo y sacar provecho de ello. Dejaron aquel extraño bosque con su ciudad, no sin antes volver a ver aquellos animales colosos, y esta vez sin que les atacasen.

Marcharon al norte a paso ligero con energías renovadas y pasados unos días llegaron al límite del bosque y encontraron una casa a las afueras. Había una persona trabajando en un pequeño huerto que dejó sus tareas al ver a los dos amigos y los llamó alegremente. Ellos aceptaron la llamada y cuando estuvieron lo suficientemente cerca como para poder ver bien vieron que era un elfo.

El elfo les invitó a comer  y les pidió noticias del bosque. Dijeron lo poco que sabían y aun así el elfo se sintió satisfecho.

-Y tuvisteis un sueño estando allí, ¿no?-dijo sin apenas pestañear.

-¿Pero cómo lo sabes?-preguntó asombrado Arana-. Si no lo hemos dicho.

-No, no lo habéis hecho-respondió con naturalidad-. Vuestro amigo parece confuso y tú parece que tienes ganas de comprender las leyes de estos lugares. Venís del bosque y por vuestras heridas diría que os han herido y habéis recuperado fuerzas en la ciudad. Pero lo que me llevo a la conclusión de que habéis tenido un sueño, común diría yo, es que tu determinación la he visto en Pegaso. Solo que él era el que provocaba los sueños y no quien los recibía.

-Sorprendente-dijo Gleomyr-. ¿Le conoce a él?

-Sí, fuimos amigos. Pero hace tiempo que no hablamos. ¿Qué os dijo en el sueño?

Arana contó detenidamente el sueño que habían tenido los dos, solo la parte que estuvieron hablando con Pegaso. El elfo se asombró ante el descubrimiento de que Meilin se moría pero no de que Pegaso hubiese contactado con ellos.  Se quedó pensativo, les pidió que esperasen y entró en la casa. Tardó varias horas y salió con un libro que se titulaba “La Séptima Profecía.


Les entregó el libro y dijo que era un regalo. Y les dejó marchar otra vez en su viaje. No entendían por qué les regaló aquel libro. Y estaba escrito en un idioma que no conocían, así que lo guardaron para cuando encontrasen una copia en el idioma común o alguien que se lo tradujese. Todos los habitantes de los Límites les parecía gente extraña.

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