La Ilusión Solitaria - Capítulo 18 - Amo del Destino

Ya teníamos un nuevo objetivo, volver a mi hogar. Pero no era para quedarme. Nos arriesgábamos que la reina de Calorcito, Chicharrita, descubriese que yo volvía allí. No me hacía mucha gracia llevar a mis amigos allí y condenarlos. En el barco, de vuelta al Puerto Oculto, intenté convencerles a todos ellos que debería ir yo solo.

“Iremos contigo”, sentenció Veitutxi. “Somos un equipo y no nos abandonaremos tan a la ligera”.

“Habla por ti”, respondió con énfasis Javier. “Ni a la ligera abandonaré todo esto, que se arrimen los guardias de Calorcito si quieren. Yo les enseñaré que con nosotros no se deben meter. También les enseñaré que se está mejor en el frío”.

Al fin de cuentas no pude negarme a que todos fuéramos. Mientras estábamos en el barco la espada estaba en mi camarote, pero cada cierto tiempo uno de nosotros iba a ver si seguía la espada allí, no nos fiábamos ni de la gente ni del propio mar. Una vez pisamos tierra no nos paramos a nada. Fuimos a algún puesto del puerto, compramos víveres suficientes para una o dos semanas y comenzamos nuestro nuevo camino.

Pero a los días de partir del puerto ocurrió lo que más nos temíamos. Fuimos atacados por los guardias de Demencia. ¿Cómo lo sé? Pues por dos cosas: la primera es que antes de que nos atacaran, el capitán de aquellos soldados decía que respondía por la Reina Demencia y que nos rindiésemos, y la segunda es que reconocí el estandarte. Aunque también es cierto que nos atacaron porque no le respondimos ni tiramos las armas como rendición. Es decir, les atacamos nosotros primero como respuesta. Habría sido más fácil responder que no nos rendíamos, nos habríamos evitado algunos cortes.

Nos llevaron a la ciudad de Mandarina y nos encarcelaron allí. Todos nuestros objetos y armas de valor nos fueron confiscados, incluido el mandoble que nos fue entregado para cumplir una misión. Algunos pensaban que lo de la espada había sido una trampa, que aquel Sabio era un espía de Demencia y que aprovecharía todo lo que supiese para llevarnos al camino de Calorcito. El resto pensábamos que no era más que una coincidencia y que aquel Sabio no sabía nada realmente.

Sea como fuere, conseguimos salir al cabo de unos pocos días de aquellas celdas, dos días antes de que nos visitara en persona Demencia, al menos eso habían dicho los soldados. No quisimos aceptar esa entrevista demasiado pronto. Y aún sin armas nos las arreglamos para dejar fuera de combate a varios soldados, llegar a donde estaban todos nuestros objetos, cogerlos y salir de allí. Lo más complicado era de salir de la ciudad. Era demasiado grande y había muchísimos soldados, así que fuimos por las alcantarillas hasta las afueras.

Una vez fuera volvimos a reanudar nuestro viaje a Calorcito. Ésta vez evitando cualquier camino, ya fuese principal o secundario. Tardamos casi un mes en llegar a las afueras de nuestro destino y ya sabíamos de sobra que tanto soldados como cazarecompensas nos buscaban. Por suerte vivos. Y ahora, junto con el gran problema anterior, era cómo entrar en la ciudad, buscar a Sonix (si es que se encontraba allí) y ver que hacíamos después.


Nuestro viaje ya empezaba a ser interesante y peligroso. 

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