El Cazador y la Oscuridad - Capítulo 12: Destino Sangriento

Pasó unas cuantas semanas desde la visita al elfo. Gleomyr y Arana parecían decididos a seguir, cazaron y siguieron adelante. Se olvidaron de todo lo que habían pasado. Estaban totalmente seguros que conseguirían su objetivo. No encontraron a nadie de camino a alguna parte, todo era bosque. Lo bueno de aquello, pensaban, era que nada les detendría, que al fin podrían conseguirlo.

Puestos a decir se puede decir que no perdían el tiempo en nada: cazaban para varios días y se paraban para comer, cenar, desayunar y dormir lo estrictamente necesario. Para ellos, esto último solo eran unas pocas horas, se dormían cuando no había luz y despertaban en las mismas condiciones, es decir, sin luz.

Hablaban de todo aquello como si estuviesen toda la vida allí. Parecían no recordar que venían de otro mundo, que venían del otro lado de los Límites.

Pero eso no les preocupaba ahora. Siempre les ocurría lo mismo, en todas sus aventuras. Tanto si las hacían juntos como por separado. Se olvidaban de donde venían, solo se preocupaban a dónde querían llegar. Como si fuesen depredadores que han visto a su presa y se olvidan del mundo. Su presa era ella, sentían que estaban cada vez más cerca. Lo que tal vez si eran conscientes es que aquello era su Fantasía, sin su Dragón de la Suerte, pero al fin y al cabo todo podía estar cerca y lejos a la vez.

Una noche de éste viaje decisivo se acordaron del libro y decidieron volver a verlo y siguieron sin entender lo que ponía.

-Tal vez éste libro no hay que leerlo-propuso Gleomyr.

-¿A qué te refieres?-preguntó mientras avivaba el fuego.

-¿No se te ha ocurrido que puede que sea un libro mágico?-puso cara de enigmático.

-¿Y por qué no vas al grano?

-Mira-puso el libro bien colocado encima de una roca que habían colocado como mesa-. Nada de lo que hay en éste lado de los Límites es lo que parece, así que pensé que tal vez sea un libro mágico y lo que haya escrito sean conjuros y no haya que leerlos, sino sean una especie de rituales.

-¿Cómo si de mover una varita se tratase?-preguntó con muchísima curiosidad.

-Sí, algo así-miró el libro pensativo-. Más o menos. O podría ser cualquier otra cosa.

-Cómo un libro de historia-propuso Arana.

-O un libro de poesía-no le interesaba encontrar a alguien que pudiese retrasarlos explicándoles que era, a no ser que fuese en aquel momento-. Todo sería un poco más sencillo un poco más de ayuda de la gente de aquí.

Ambos estuvieron de acuerdo ante tal afirmación y no se dieron cuenta que detrás de ellos estaba Pegaso vigilando a los dos hombres desde la oscuridad desde hacía días. Ni tampoco se dieron cuenta cuando éste se les acercó por detrás. Hasta que carraspeó la garganta para hacerse notar. No tardaron en sacar las espadas que tenían cerca.

Pero en vez de atacar, tal y como habrían deseado anteriormente, bajaron las armas ante lo que vieron. A un hombre con mirada preocupada que buscaba desesperada-mente ayuda. Estuvieron en silencio los tres sin saber qué decir ni quién debería romper aquel silencio. Pegaso miró el libro durante unos segundos como si aquello fuese un tipo de salvador y lo anhelase.

-¿Qué quieres?-dijo al fin Arana dándose cuenta de su mirada-. ¿No vendrás a convencernos de qué no vayamos en su busca?

-No-respondió rotundamente-. Vengo a convenceros de que salvéis a los Límites y le salvéis a ella... con ese libro.

-¿Sabes lo que es?-preguntó Gleomyr sin tardar al escuchar su mención.

-Es la historia de éste lado de los Límites-esas fueron sus únicas palabras en éste momento.

-Entonces adiós a tu teoría, querido amigo-miró a Gleomyr, que también parecía decepcionado.

-Sí, ya me parecía a mi que todo fuese bonito-se giró mirando al libro-. Habría estado bien haberlo utilizado como fuente mágica. Estaría bien llevárselo al otro lado y que sea el primer libro con referencias a todo ésto.

-Todo lo que sea de los Límites se queda en los Límites-sentenció con un tono que denotaba mucha preocupación-. Y sí que es un libro mágico.

Ambos lo miraron automáticamente sin decir ni una sola palabra esperando que se explciase.

-Ese libro cuenta el pasado, el presente y el futuro de los Límites-siguió hablando con mucha calma-. Y aquella persona que lo posea puede moldear el futuro a su antojo. Y sí, podría decir que incluso podríais hacer lo que estáis pensando. Pero pude conocer el futuro y lo necesito para cambiarlo.

-Espera, ¿qué futuro?-preguntó Gleomyr con desconfianza-. ¿Qué pretendes hacer?

-¿Acaso deberíamos confiar en ti?-intervino su amigo.

-¿Queréis salvarla?-ambos se callaron-. Entonces entregadme el libro y le habréis salvado a ella. Podréis volver los tres. Lo prometo.

-No pretendo confiar en aquel que quiso que la dejásemos aquí-comentó Gleomyr levantando la espada contra él.

-Ella morirá si no confiáis en mi-suplicaba con la mirada-. A cambiado más aún y pretende destruir todo lo que haya en éste lado y después pasará los Límites a seguir su destrucción.

-¿Por qué?-siguió preguntando con desconfianza Gleomyr cada vez más enfadado.

-¿Por qué sino vendría aquí a pediros ayuda?-parecía como si se fuese a acabar todo en cualquier momento-. Si no me entregáis el libro puede ser muy tarde.

-¿Ella no se quiere marchar de aquí y ahora pretende salir para destruir?

-Todo cambia y ella lo hace cada vez más rápido. Sabe que estáis aquí desde que entrasteis y ha ido cambiando su opinión con respecto a vosotros. Sólo que ahora...-calló de repente.

-¿Sólo que ahora qué?-esta vez parecía perder la paciencia-. ¿Qué mentiras contarás?

-Tranquilo, Gleomyr, dejemos que hable-dijo Arana con mucha paciencia guardando su espada-. Tal vez dice la verdad.

-¿Acaso no ves lo que pretende hacer?-insistió-. ¡Pretende matarla!

-Para nada, dice ese libro que puede cambiar el futuro-recordó con énfasis-. ¡Quiere cambiarle de parecer para evitar la catástrofe y que pueda volver a casa!

-No, amigo, sus ojos es de querer matarla, no ayudarla-seguía sin apartar la mirada de Pegaso-. Toda esa historia sólo es una excusa para hacerlo.

-Estás delirando-parecía muy preocupado-. Estás cansado, todo ésto te supera. Te viene grande. Estás obsesionado con ella.

-¿Qué te pasa, Arana?-preguntó como quién pregunta a un juguete sin esperar respuesta-. ¿Por qué ésta vez estás a favor de él? Ella es tu hermana, sabes que pretende matarla.

-Te equivocar, Gleomyr-dijo serio mientras cogía el libro y se ponía al lado de Pegaso-. Pretendo ayudarlo a rescatarla. Tú quédate aquí descansando.

Antes de que pudiese decir nada Pegaso puso una mano en el hombro de Arana y ambos desaparecieron. Gleomyr bajó el arma y soltó maldiciones al aire. ¿Ahora qué haría? Su amigo se había ido con él y no sabía ni siquiera dónde estaba nada. Se sentó en frente del fuego a pensar con claridad. Pretendía trazar un plan. Estuvo con mil pensamientos en la cabeza hasta que le pudo el sueño.

Al amanecer hizo un petate con todo lo necesario y dejó lo que creía que no servía, ya que Arana se dejó sus cosas allí la noche anterior. Sin pensar siguió el camino que seguían el día anterior y no se paró ni a comer. Así estuvo varios días, con la esperanza de que ella y su amigo aún seguían vivos.

Estuvo recorriendo ese camino del bosque poco más de un mes hasta que llegó al límite y cuando salió descubrió desolación, toda una Ciudad-Estado envueltas en llamas. Sin perder un instante se metió dentro de la ciudad con la corazonada de que ése era el lugar. Iba recorriendo las calles y atajando y pasando por agujeros en las pareces, esquivando fuegos y calles cortadas. A veces hasta retrocedía cuando se encontraba callejones sin salida o saltaba por escombros.

Pasaron un par de horas hasta que llegó a lo que se suponía que era el centro, ya que era difícil saberlo una vez dentro y sin mapa de la ciudad. Habían muchos cadáveres, no había visto ningún superviviente. ¿Quién podría hacer aquello?

Buscó un poco más cuando escuchó hablar a alguien. Era la voz de ella. Gleomyr corrió a buscarla con mucha felicidad. Seguro que era Pegaso quien había hecho todo aquello, eso era lo que pretendía creer. Pero cuando llegó al lugar también estaba Pegaso allí y entre los dos estaba su amigo muerto. Aquello le dejó en shock.

Parecía que no lo habían visto, así que se escondió. Parecían enfrentados ellos dos y, a pesar de que no escuchaba ni entendía nada de lo que decían a causa del viento, era algo que se notaba. Él parecía desesperado y ella dispuesta a todo. El libro no estaba. "Se habrá perdido", pensó, "tal vez ella consiguió deshacerse del libro antes de que lo utilizase y no pudo salvar a su hermano".

No podía estar más equivocado. El viento desapareció de golpe y pudo escuchar las últimas palabras de ella.

-¿Crees qué el libro puede hacerme algo?-por la voz parecía demente-. Tengo el poder de hacer lo que me plazca, el poder del Destino y puedo cambiar la Historia sin necesidad del libro.

-Existe la Magia Antigua, sólo ese libro podría cambiar el futuro-respondió cansado-. Así que ríndete, por favor, tiene que acabar todo ésto. No tienes por qué...

No pudo escuchar lo último que dijo. El viento volvió. Pero pudo ver el final. Ambos lanzaron potentes hechizos que deslumbró. Apartó la mirada y cuando volvió a mirar ella estaba en el suelo  y Pegaso ya no estaba. Y aquí acaba el final de la historia.

Gleomyr consiguió omitir ésta parte, lo único que permitió que lo único que se sepa es que Arana y Mei fueron enterrados dentro del bosque con dignidad y que consiguió salir de ese lado de los Límites para nuevas aventuras. En un futuro tal vez escuchéis cosas nuevas sobre Gleomyr o tal vez decida contar que pasó después.

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