La Ilusión Solitaria - Capítulo 20 - La Oscuridad y el Elfo


Mes y medio. Ese fue el tiempo que pasamos escondidos en Calorcito. Sonix tenía razón en una cosa y resulta que los reyes de Calorcito y Fresquito fueron asesinados en el plazo establecido pero en las semanas que le precedieron nadie gobernó ninguna de las dos ciudades. No los gobernaron desde dentro quisiera decir, ya que Demencia los gobernaba desde la capital Caos.

El grupo de Javier, que recuerdo que son Piter, José Manuel y Héctor, casi delataron al grupo de nuestro paradero. ¿Qué les frenó? Por suerte para todos, incluyendo-les a ellos, fue que si nos pillaban tal vez nos mataban a todos y a ninguno nos hacía mucha gracia morir.

Sonix volvió a irse nada más encontrarnos aquel día de la discusión, pero pudimos descubrir que el Castillo de Plata seguía en pie a pesar de todo pronóstico. Los dragones Federico y Pancho seguían protegiendo el Castillo aunque no entendíamos por qué no se enfrentaban a Demencia. Que sabían más de lo que nos habían contado ya lo sabíamos, pero lo que más nos preguntábamos qué información de las que ellos sabían se podría utilizar sabiamente. Desgraciadamente ninguno de nosotros era lo suficientemente sabio para responder.

Pero volviendo al día que nos encontramos. Ese día, mes y medio después de encontrar a Sonix, decidimos marcharnos. Nos separamos los dos grupos, el grupo de Javier marchó al norte, hacia Fresquito, su misión intentar recoger información del norte. El resto de nosotros, Veituxti Víctor y yo marchamos hacia el sur, hacia la ciudad de Mandarina. Nuestra misión era hacernos pasar por mercenarios y ver si podíamos acercarnos a la capital Caos, donde vivía Demencia. O como mínimo a la ciudad de Manía. Fuera como fuese teníamos que acercarnos lo suficiente.

No recibimos en todo ese tiempo noticias de Sonix, así que teníamos que movernos para saber qué pasaba. Ese día fue importante. Incluso llovía. Si soy sincero, Veitutxi, Víctor y yo esperábamos que Javier y compañía empezasen a tomar sus decisiones. Pero de esperarlo a que saber lo que ocurría eran dos cosas completamente distinta. Debíamos esperar a que ellos se reuniesen con nosotros en la entrada de Manía para hacer el siguiente paso. Y allí es dónde nos encontramos, pero eso es otro tema.

Fue un día de oscuridad. Ya nos estábamos separando. Y yo ya me sentía preocupado. No por mi. Sino por el destino del mundo. Marchamos sin falta. Y el viaje a Mandarina no fue un viaje de rosas. Yo volví a caerme enfermo durante el viaje, más concreta-mente a la mitad del viaje. Así que era cuestión de perder el mínimo tiempo entre comer, cenar y dormir. Tardamos casi dos semanas en llegar y yo estaba realmente enfermo. Lo que pasó después lo sabréis en el siguiente capítulo.

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