La vida en el mar

La base de la navegación

Los barcos de vela aprovechan el viento para navegar de un lugar a otro. Las velas recogen el viento, ejerciendo una fuerza sobre el barco. La quilla del barco ofrece la estabilidad que permite dirigirlo hacia el rumbo deseado. Esto no sólo permite al barco navegar a favor del viento, sino también a varios ángulos de costado. Los barcos pueden incluso navegar contra del viento. Para navegar hacia la dirección desde la que sopla el viento, hay que cambiar de bordada. Cambiar de bordada es navegar en contra del viento, siguiendo el curso en zig-zag. El timón del barco aprovecha la corriente del agua para dirigirlo. Por lo tanto, un barco deberá estar siempre en movimiento para realizar un viraje.

Navegación

La navegación en el siglo XVIII apenas había variado de la que usó Colón para llegar al Nuevo Mundo. Los navegantes dependían de sus brújulas, usando el método del cálculo de posición. Así ponían rumbo hacia la dirección deseada.
Los navegantes podían usar instrumentos como el astrolabio y los cuadrantes para calcular su latitud, pero no existían instrumentos para calcular la longitud. Al no haber tierra a la vista y sin conocer la posición ni la dirección exacta hacia la que debían poner rumbo para llegar a sus destinos. Los vientos, las corrientes y los cambios en los campos magnéticos, que afectaban a las brújulas, complicaban aún más sus cálculos.
Debido a que los mapas de la zona eran poco detallados, los navegantes dependían de intuición y experiencia.

Barco

Por definición, los barcos disponían de tres mástiles, velas cuadradas y se usaban para travesías largas. Con una eslora entre 30 y 39 metros, los barcos cargaban con muchos tripulantes, cargamento y cañones. Aun cuando su línea de flotación les permitía navegar a mayor velocidad que los navíos más pequeños, maniobraban con más dificultad. Su profundo calado de entre 3.3 y 5 metros no les permitía navegar en calas y caletas poco profundas. Debido a su aparejo cuadrado tampoco podían navegar ceñidos al viento como los balandros que disponían de aparejo en proa y popa.

Balandro

Los balandro estaban equipados con aparejos en popa y proa que les permitían navegar contra el viento, mejor que las naves de velas cuadradas. Al navegar a favor del viento, muchos balandros recurrían a una gravia cuadrada para obtener más velocidad. Con una eslora de entre 15 y 23 metros, con un bauprés que ocupaba prácticamente toda la longitud del barco y al disponer de más velas, los balandros eran más veloces que los barcos mercantes, convirtiéndose así en excelentes barcos para los piratas. Su escaso calado (tan sólo 2 ó 3 metros) les permitía acceder a calas poco profundas. Pero, debido a su reducido tamaño, disponían de menos cañones, menos tripulación y menos espacio para cargamento.

Bergantín

Los bergantines eran navíos que medían entre 27 y 37 metros de eslora y de 2.7 a 4 metros de calado, con dos mástiles y velas cuadradas. Más ligeros y normalmente más rápidos que los barcos de tres mástiles y velas cuadradas, los bergantines tenían mucha capacidad para transportar gran cantidad de hombres, cañones y cargamento. Disponían de velas cuadradas que les permitían navegar no tan ceñidos al viento como las balandras, con velas en popa y proa.

Mercante

Con una eslora de entre 30 y 45 metros, los mercantes eran uno de los barcos más grandes de su época. Sus grandes y profundos cascos se diseñaron para llevar el máximo cargamento. Disponían de velas cuadradas para no cargar demasiada tripulación, lo que aparataba el coste de las travesías. Su lentitud y el hecho de no disponer apenas de tripulación hacía que los mercantes fueran especialmente vulnerables a los piratas. Incluso los que eran capaces de cargar mucha tripulación y cañones estaban ideados para portar cargamentos y no para entrar en combate.

Comida

Normalmente, los marineros comían a oscuras y apenas veían los alimentos. Las galletas solían estar cubiertas de gusanos y otros insectos. La comida curada con sal (ternera, cerdo, cabra o carne de caballo) estaba repleta de gusanos y larvas.
Por esta razón, los marineros apreciaban la comida fresca. Cuando les era posible, cazaban cerdos salvajes y tortugas marinas, manteniéndolos vivos hasta el momento de consumirlos. Si los piratas tenían la buena fortuna de abordar un barco con deliciosa comida, preparaban una fiesta culinaria denominada "revoltijo". Se trataba de un curioso estofado de carne, uvas, ajo, mangos, cebollas, anchoas, coliflor, vinagre, mostaza y cualquier otra cosa que pudiesen incluir para dar sabor a este sabroso plato. De ser posible, acompañaban estas fiestas con grandes cantidades de ron o cerveza.

Provisiones adicionales

La vida a bordo de los barcos piratas solía pasar por periodos de aburrimiento, etapas en las que la tripulación moría de hambre o sed, con constantes enfermedades debidas a la humedad, la falta de espacio y las pestes. Con el fin de compensar la falta de comodidad, los piratas solían apartar alimentos y bebidas para los que habían enfermado o para aquellos que se encontraban deprimidos.

La dieta en los barcos españoles

A diario: 900 gramos de galletas, 94 centilitros de vino y 94 centilitros de agua;
4 días a la semana: 225 gramos de pescado curado y 56 gramos de guisantes o alubias;
Los otros tres días de la semana: 225 gramos de cerdo salado y 44 gramos de arroz;
Una vez a la semana: pequeñas cantidades de aceite de oliva, vinagre y queso.
Los oficiales tenían sus propias viandas.

Cañón

Los cañones estaban hechos de acero o bronce. Los de acero servían para disparar salvas, a menos que fuesen nuevos. De lo contrario, podían sobrecalentarse durante el combate y romperse o explotar, causando muchos daños. Durante el siglo XVII y principios del XVIII, un cañón corriente podía lanzar una bala de 4 kilos a una considerable distancia, destruir los aparejos con "balas enramadas", arrasar las cubiertas con metralla o disparar una bala de cañón incendiaria a las velas del enemigo.

Pólvora

Se cree que fueron los chinos o tal vez los indios los que lo inventaron hacia el siglo XII. Los marineros temían la pólvora ya que con un solo descuido el barco podía irse a pique. Solía mezclarse con orina o alcohol para formar una pasta que ardía con más lentitud y más potencia.

Armas de los piratas

Al abordar a un enemigo, los piratas tenían que estar bien armados. Antes de pasar a los combates hombre a hombre, donde preferían usar sus pistolas, se valían de mosquetes y trabucos. Solían llevar a varias pistolas ya que era más práctico que tener que recargar tras cara disparo. También usaban espadas con hojas de un solo filo llamadas alfanjes, dagas y a menudo un hacha de abordaje que se usaba como arma y para cortar el aparejo del barco enemigo. Los piratas también usaban armas en forma de lanzas de abordaje al entrar en combate hombre a hombre.

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