Nuestro viaje al Punto de Fuga - Relato para niños

Un día, Maggie y yo estábamos en nuestra cabaña del árbol. El sol lucía bien alto, y hacía mucho calor. Maggie estaba dibujando, y yo esperaba a que terminaba sus dibujos para incluirlos en mi periódico. Parecía que iba a necesitar mucho tiempo, pues estaba ahí sentada con la mirada perdida en el infinito. La verdad es que estábamos un poco aburridos, y esperábamos ansiosamente a McZee, a ver si nos inspiraba algo.

En el momento en que estábamos a punto de dejarlo para ir a nadar, McZee apareció como siempre, como un verdadero tornado. Nos saludó con una sonrisa, y en dos grandes pasos se puso al lado de Maggie a mirar lo que ella estaba dibujando.

“Tenéis que hacer un viaje al Punto de Fuga”, dijo McZee.

McZee nos dijo que uniéramos nuestras manos y cerráramos los ojos. Cuando los abrimos, estábamos en la cabina del mecánico de un tren de vapor. McZee se había cambiado muy rápidamente de ropa, y ahora tenía una gorra de mecánico. “¡Uuuuh-Uuuuh!- McZee había hecho sonar el silbado, y se rió cuando salió el vapor por encima de nuestras cabezas.

“¿Podéis ver el Punto de Fuga?” nos preguntó. Maggie y yo nos asomamos por la ventana y esforzamos nuestro ojos. Pero todo lo que vimos eran las vías del ferrocarril justo delante de nosotros. Los dos raíles parecían estar más juntos uno de otro cuanto más lejos mirábamos hasta que al final los raíles desaparecían al horizonte.

Maggie y yo nos miramos. “No veo nada que se parezca a un punto de fuga”, dijo Maggie.

“¡Pues ésa es la cosa!” saltó McZee. “No se puede ver porque se escapa... se fuga”. Maggie se miró extrañada. “Mirad las vías otra vez”, nos dijo McZee. “¿Qué podéis ver?”. Maggie respondió: “Las vías del ferrocarril... los raíles son paralelos, y por eso en realidad nunca se tocan. Pero cuanto más lejos miramos, más cerca parece que están los dos raíles, hasta que desaparecen completamente en el horizonte”.

McZee respondió: “¡A ver, Max! Dime otras palabras que quieran decir lo mismo que desaparecer”. Me estrujé el cerebro, y pronto apareció la bombilla de la idea: “escaparse”, “fugarse” respondí. “¡Bingo!” dijo McZee.

Maggie me miró, y otra vez miró los raíles. “Justo donde parece que los raíles se tocan, parece que se fugan hacia el horizonte: desaparecen”. McZee sonreía. “Pero nunca llegaremos a ese sitio”, dije yo. “Por más rápido que vayamos, el punto de fuga siempre estará delante de nosotros, ¿no?”. Maggie dijo “Y detrás de nosotros”, mientras miraba hacia atrás, que cada vagón parecía más pequeño cuanto más lejos está. El último vagón parecía como un tren de juguete... un diminuto punto a lo lejos: ¡el Punto de Fuga!

De repente, otra vez estábamos en la casita del árbol. McZee se apresuraba para ir a su siguiente reunión, y gritó “¡Hasta otra, chicos!”. Le vimos irse calle abajo haciéndose cada vez más pequeñito hasta que -¡Fluuup!- despareció.

“Pues ahora ya sé lo que hay que hacer para que estos dibujos queden mejor”, me dijo Maggie mientras se disponía otra vez a dibujar. “Necesita algo de perspectiva. Dibujaré las cosas del fondo más pequeñas cuanto más lejos estén, igual que en la vida real”. Y diciendo eso, se puso a pintar. Mientras, yo escribiría la historia de nuestro viaje al Punto de Fuga.

Relato sacado de Creative Writer.

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